IA con criterio
Le pregunté a ChatGPT qué publicar para vender más
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«Se lo pregunté a ChatGPT. Me dio la publicación y el correo. Los mandé. Y no me compró nadie.»
Me lo dicen casi cada semana. Y siempre toca dar la misma mala noticia:
ChatGPT no falló. La pregunta estaba mal.
Le pediste qué publicar. Te dijo qué publicar. Cumplió.
Lo que no tenías era un negocio preparado para que eso vendiera.
¿Por qué no vendo aunque publique contenido a menudo?
Porque publicar y vender son dos cosas distintas. Publicar hace que te vean. Vender ocurre después: cuando alguien entiende qué le ofreces, se fía de ti y tiene una forma clara de dar el paso.
Tu web es una revista. Preciosa, bien escrita, con buenas fotos. Y una revista que nadie abre no vende nada.
Entre el escaparate y la caja hay un camino. Ese camino lo diseñas tú. La IA no te lo puede dar porque ni sabe que existe.
¿Sirve ChatGPT para escribir el contenido de mi negocio?
Sí, pero solo si le das contexto. Sin saber a quién te diriges, qué vendes, a qué precio y qué has probado ya, devuelve la media de internet: un texto correcto, genérico, de nadie.
No sabe a quién le hablas. Ni qué vendes de verdad. Ni por qué cobras lo que cobras. Ni de dónde te ha llegado la gente hasta hoy.
Le pediste una receta. Lo que no tenías era cocina.
La calidad del resultado depende más del contexto que le des que de lo bien que formules la petición.
«Lo que me falta es un texto mejor»
Casi nunca.
Lo que falta suele ser más incómodo de oír: no está claro qué vendes.
Si no puedes decir en una frase qué haces y para quién, ningún texto lo arregla. Ninguno. Da igual quién lo escriba.
Y ojo: esto no es un problema de marketing. Es un problema de decisión. No has elegido.
¿Cómo sé de dónde me vienen los clientes?
Con un registro mínimo: por dónde llegó cada persona que te contactó y si acabó comprando. No hace falta ninguna herramienta cara — una hoja de cálculo bien llevada ya cambia las decisiones.
Y es la pregunta que más caro sale de todas. Si no sabes de dónde viene cada cliente, no estás decidiendo: estás adivinando. Y quien adivina cambia de estrategia cada dos semanas, normalmente justo cuando algo empezaba a funcionar.
Es lo que miramos en la Radiografía Digital: cuánta gente llega, por dónde y cuántos compran.
¿Qué necesito antes de invertir en publicidad?
Tres cosas, y ninguna es el anuncio:
1. Saber decir en una frase qué vendes y a quién. 2. Un sitio donde aterrice la gente, con una forma de dejarte el contacto. 3. Poder medir cuántos llegan y cuántos compran.
Sin eso, la publicidad acelera un sistema que no convierte. Solo consigues perder dinero más rápido.
Y entonces, ¿por dónde empiezo?
Por este orden:
1. Escribe en una frase qué vendes y a quién. Si te atascas aquí, enhorabuena: ya sabes cuál es el trabajo. 2. Mira de dónde te llegó la gente el último año. Aunque sea de memoria. Te vas a llevar una sorpresa. 3. Elige un canal. El que ya te funciona un poco, no el que está de moda. 4. Monta el camino más simple posible. Un sitio donde aterrizar y una forma de que te dejen el contacto. 5. Ahora sí: usa la IA — dándole todo lo anterior.
Trátala como a alguien que acaba de entrar en tu equipo. Si le explicas qué hace tu negocio, a quién sirve y qué quieres conseguir, te dará algo bueno. Si le sueltas «escribe algo para vender», te dará algo. Pero no lo tuyo.
Usar la IA con criterio no es pedirle más. Es contarle mejor.
¿Cuánto tarda esto en dar resultados?
Ordenar la oferta y montar un camino de captación básico son semanas, no meses. Posicionarte y ganar confianza tarda más.
Pero desde el primer mes deberías poder responder algo que hoy probablemente no sabes: cuánta gente te llega y de dónde.
No te lo digo desde la barrera
Me hice a mí mismo el diagnóstico que hago a mis clientes.
Cinco áreas en rojo. Casi dos años formándome y montando sistemas sin salir a vender. Clientes de siempre a los que fui añadiendo trabajo sin tocar el precio.
Puesto en una hoja, aquello tenía un número. No era pequeño.
No me faltaban ganas ni conocimiento. Me faltaba sistema.
Casi nadie tiene un problema de esfuerzo. La gente se esfuerza muchísimo. Lo que falta es el orden que hace que ese esfuerzo se note.
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Media hora. Y sabrás por dónde empezar
No te voy a vender nada en esa llamada.
Me cuentas dónde estás, te digo qué haría yo en tu lugar y con qué empezaría el lunes. Si encajamos, seguimos. Si no, te llevas el plan igual y lo ejecutas por tu cuenta.
Lo único que no puedo hacer es dártelo si no me lo cuentas.
¿Esto te está pasando en tu negocio?
En 30 minutos te digo qué haría yo en tu lugar. Sin discurso de venta.
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